Son una Estafa las Máscaras de Entrenamiento??? | Fit Style

¿Nos ayudan las máscaras de entrenamiento?

En las últimas décadas, los deportistas de élite que buscaban mejorar su rendimiento, especialmente en deportes donde la resistencia juega un papel fundamental (ciclismo, maratón, fútbol, etc), han probado diversos métodos y difícilmente alcanzables para el deportista amateur. Es el caso del uso de cámaras hiperbáricas o dispositivos portables de hipoxia (usadas por varios deportistas españoles famosos de élite) cuyo objetivo es reducir la disponibilidad del oxígeno simulando las condiciones atmosféricas de la altura para mejorar su resistencia y rendimiento deportivo.

Los atletas tenían que estar a unos 2100-2500 metros de altitud alrededor de 12 horas al día al menos 3 semanas. Dadas las dificultades operativas que esto supone, se propusieron otros métodos más eficientes para conseguir similares resultados. En este sentido, el entrenamiento de hipoxia intermitente trata de exponer al deportista a pequeños tiempos (1 o 2 horas) en condiciones de altitud simulada para provocar la hipoxia y mejorar así el rendimiento por una respuesta de la sangre favorecedora.

La máscara de entrenamiento de hipoxia ha sido diseñada para intentar simular los efectos del entrenamiento en altitud restringiendo la entrada y salida del aire durante ejercicios cardiovasculares especialmente, entrenando así los músculos respiratorios. La ventaja principal de esta máscara sería teóricamente una simulación a nivel del mar de los efectos del entrenamiento en altura con una herramienta más asequible económicamente. Más específicamente, se supone que el entrenamiento con la máscara incrementa la capacidad pulmonar, el umbral anaeróbico, el consumo máximo de oxígeno, la producción de energía y la resistencia física y mental. No obstante a día de hoy nada de esto está contrastado científicamente.

¿Es beneficiosa la máscara de hipoxia?

En la actualidad existe escasez de estudios que demuestren los efectos beneficiosos de la máscara en personas que practican ejercicio. Por una parte, cuando se comparan los efectos agudos de la máscara durante un esfuerzo físico (a alturas simuladas entre los 2.000 y los 4.500 metros), no se encuentran diferencias en la frecuencia cardíaca, presión arterial, consumo de oxígeno, saturación periférica de oxígeno en sangre o lactato en sangre (Granados et al., 2016; Maspero et al., 2016). No obstante, ante un mismo ejercicio, sí que se encuentra una mayor percepción de esfuerzo y unos mayores niveles de ansiedad.

Por otra parte, cuando se comparan los efectos tras un entrenamiento físico (duración de 4-6 semanas) se observa que entrenar con la máscara no ofrece ventajas respecto a la mejora del consumo máximo de oxígeno o de las variables hematológicas (hemoglobina y hematocrito) (Barns et al., 2015; Monaghan et al., 2015; Porcari et al., 2016) aunque sí mejora el umbral ventilatorio y el punto de compensación respiratoria. Se sugiere que el uso de la máscara durante entrenamientos de alta intensidad no parece actuar como un simulador de entrenamiento en altura real y actúa más bien como un entrenamiento más específico para la musculatura respiratoria.

En resumen, la máscara de entrenamiento en hipoxia, a pesar de ser una herramienta novedosa y asequible para cualquier usuario que se dedique al fitness o deporte, parece que no consigue la mayoría de los beneficios que se exponen anteriormente y estos se centran especialmente en la musculatura respiratoria más que en variables relacionadas con el consumo de oxígeno o composición hematológica. Además, la evidencia en la actualidad sobre el tema es limitada, los estudios son de baja calidad y se necesita seguir investigando esta herramienta para conocer sus ventajas reales en el deporte y el fitness.

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